Un tomate de 1,3 kilos y una calabaza de 73 kilos: así celebra un pueblo español a sus agricultores
La VIII Exposición y Degustación Hortícola reunió a cientos de personas alrededor de huertos sociales, pequeños productores y alimentos de proximidad

Un tomate de 1.311 gramos y una calabaza de 73,4 kilos fueron dos de las grandes atracciones de la VIII Exposición y Degustación de Productos Hortícolas de Binéfar, en la provincia de Huesca, España. Pero detrás de las dimensiones extraordinarias de estos productos hay una historia mucho más interesante: una comunidad reunida alrededor de su agricultura y de quienes producen sus alimentos.
La actividad congregó a numerosos vecinos de Binéfar y localidades cercanas alrededor de productos procedentes de huertos sociales, agricultura ecológica y pequeños productores de proximidad.
Los gigantes de la huerta
María Morillo presentó el tomate ganador, con un peso de 1.311 gramos, mientras Vicente Montiu obtuvo el reconocimiento por una calabaza que alcanzó los 73,4 kilos.
Pero la exposición fue mucho más allá de competir por encontrar las hortalizas de mayor tamaño. La jornada incorporó productos de los huertos sociales municipales y propuestas de pequeños productores y emprendedores rurales, junto con degustaciones, talleres y otras actividades destinadas a acercar la producción local a la comunidad.
El resultado fue convertir durante unas horas la agricultura en motivo de encuentro, curiosidad y celebración.
Cuando el consumidor se acerca a quien produce
Ese es probablemente el aspecto más interesante de la experiencia.
Una actividad alrededor de tomates, calabazas y otros productos hortícolas permite mostrar algo que muchas veces permanece invisible cuando compramos un alimento: quién lo produjo, dónde se cultivó y cuánto trabajo existe detrás de él.
También ofrece a pequeños productores un escaparate para mostrar directamente sus productos y conversar con los consumidores. Y es precisamente en este punto donde la experiencia española conecta con Costa Rica, aunque partiendo de realidades diferentes.
Costa Rica ya tiene un encuentro permanente
En Costa Rica, las Ferias del Agricultor realizan ese acercamiento entre productores y consumidores todos los fines de semana. No son una exposición ocasional.
Constituyen un sistema organizado de comercialización directa que funciona regularmente bajo la Ley 8533 con la rectoría de la Junta Nacional de Ferias del Agricultor, en más de 70 comunidades, permitiendo que miles de consumidores compren frutas, verduras y otros alimentos directamente a quienes los producen o comercializan dentro del sistema.
Costa Rica tiene mucho que mostrar
La experiencia de Binéfar resulta llamativa por su capacidad de reunir a una comunidad alrededor de sus productos hortícolas y de quienes los cultivan. Pero vista desde Costa Rica, también permite reconocer el valor de algo que nuestro país construyó hace décadas y que sucede cada semana.
Las Ferias del Agricultor llevan frutas, hortalizas, raíces, tubérculos y muchos otros alimentos hasta consumidores de numerosas comunidades, creando un espacio permanente de encuentro entre quienes producen y quienes compran. No ocurre una vez al año. Ocurre todos los fines de semana.
Detrás de cada puesto hay agricultores, familias, madrugadas de trabajo, cosechas que dependen del clima, conocimiento transmitido entre generaciones y productos provenientes de diferentes regiones del país.
Esa continuidad convierte a las Ferias del Agricultor en algo más que un lugar donde comprar alimentos.
Son también espacios de comercialización, convivencia, identidad y conexión entre el campo y la ciudad. Y quizá precisamente por tenerlas tan cerca y verlas funcionar cada semana, no siempre dimensionamos el valor de la experiencia que Costa Rica tiene entre manos.
Una experiencia costarricense que merece cruzar fronteras
Si una exposición hortícola española despierta interés por reunir durante una jornada a productores, productos y comunidad, Costa Rica tiene una historia propia que contar: la de agricultores y consumidores encontrándose regularmente, cara a cara, alrededor de los alimentos nacionales.
Cada feria tiene además su propia identidad. No es igual una feria en Cartago que una en Guanacaste, Heredia, Occidente, el Caribe, la Zona Sur, el Pacífico Central, la región Huetar Norte, o el Valle Central. Cambian los productos, las épocas de cosecha, las historias y las familias que están detrás de ellos. Pero en cada vivencia de los fines de semana, existe un patrimonio agrícola, comercial y social que también merece ser documentado, fortalecido y dado a conocer.
🤝 Tiquicia Conecta: un puente en ambas direcciones
Este es precisamente uno de los enfoques que queremos fortalecer desde Tiquicia Conecta.
Nuestra mirada hacia España y Europa no parte de la idea de que allá están las respuestas y Costa Rica debe limitarse a aprenderlas. Queremos observar, comparar, conectar y poner experiencias en diálogo.
Habrá innovaciones europeas que puedan aportarnos conocimiento, tecnologías o ideas interesantes. Las buscaremos. Pero también habrá experiencias costarricenses que merezcan viajar en la dirección contraria.
Las Ferias del Agricultor pueden ser una de ellas.
Desde nuestra Tiquicia Conecta queremos descubrir qué está funcionando en otros territorios, contactar a sus protagonistas y analizar qué utilidad puede tener para Costa Rica.
Al mismo tiempo, queremos comenzar a contar hacia afuera qué hacemos nosotros, quiénes son nuestros productores y qué experiencias ha construido Costa Rica alrededor de su agricultura y sus comunidades rurales.
Un puente de ida y vuelta.
Europa tiene mucho que mostrarnos.
Costa Rica también tiene mucho que mostrarle a Europa.
Y las Ferias del Agricultor, donde productores y consumidores se encuentran cada semana alrededor de nuestros alimentos, son una excelente historia para comenzar.
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