Tiquicia Conecta
15 de octubre de 2026

Un pueblo italiano asa 2.500 kilos de castañas para mantener viva su historia

En Rossiglione, la Castagnata reúne a quienes conservan una forma tradicional de cocinar, a productores locales y a miles de visitantes. Detrás de la fiesta hay un árbol que durante generaciones proporcionó alimento, madera y trabajo.

Un pueblo italiano asa 2.500 kilos de castañas para mantener viva su historia

Las castañas deben moverse continuamente sobre el fuego. En grandes sartenes de hierro perforadas, quienes las preparan las hacen saltar para que se cocinen por todos sus lados. Ese movimiento tiene un nombre y unos protagonistas: los valoi, encargados de conservar una de las tradiciones de Rossiglione, un pueblo de Liguria, al noroeste de Italia, cerca del límite con Piamonte.

En la reciente Castagnata, dedicada a celebrar la importancia del castaño en la vida local, se asaron 2.500 kilos de castañas durante una tarde. Según la información facilitada a Tiquicia Conecta por Renato Genocchio, historiador del pueblo e integrante de la asociación Pro Loco Rossiglione, se vendieron alrededor de 3.500 bolsas de castañas asadas.

La cifra permite dimensionar la celebración, pero su significado está también en lo que conserva: conocimientos, vestimentas y una relación con el bosque que ayudó a sostener a muchas familias.

Un árbol que daba mucho más que alimento

Rossiglione se encuentra en el extremo norte del valle Stura, en un paisaje de media montaña con abundantes bosques y pocas superficies llanas para cultivar.

Genocchio explica que esas condiciones hicieron del bosque y del agua recursos fundamentales para la economía local. El castaño ocupó un lugar especial: sus frutos se consumían frescos o secos y también se transformaban en harina.

Su madera, apreciada por su resistencia a la humedad y sus características para distintos usos, formaba parte de ese aprovechamiento. También se utilizaba como combustible y para producir carbón vegetal destinado a las ferrerías.

De acuerdo con el relato histórico enviado por Genocchio, en la zona funcionaron once ferrerías que suministraron manufacturas de hierro a la República de Génova hasta el siglo XVIII. Ese hierro estuvo presente tanto en construcciones como en los clavos utilizados en sus embarcaciones.

La historia de la castaña, por tanto, está ligada a la alimentación y a los oficios que se desarrollaron alrededor del bosque.

El oficio de hacer saltar las castañas

La Pro Loco, asociación local que promueve las tradiciones y el territorio, impulsó la fiesta desde sus primeros años, tras su fundación en 1977. La edición de este año fue la número 47, según Genocchio.

Durante la preparación, los valoi visten un traje inspirado en un antiguo dibujo de los carreteros locales del siglo XIX. Su nombre procede del término dialectal vallare, relacionado con hacer “bailar” las castañas.

Las sartenes tienen perforaciones que dejan pasar el calor del fuego de leña. El movimiento constante evita que los frutos se quemen por debajo y queden crudos por encima.

Genocchio señala que para esta preparación se prefieren castañas de tamaño pequeño o mediano, que permiten una cocción uniforme hasta el centro. El resultado son las castañas asadas conocidas localmente como rustie.

Una fiesta que abre espacio a los productos locales

La Castagnata formó parte de la programación de Expo Valle Stura, que celebró su edición número 33. La muestra reunió alimentos y otros productos locales en 40 puestos dentro del recinto cubierto, además de expositores en el exterior.

También hubo música y exhibiciones de destrezas de leñadores. Genocchio estima que durante la jornada asistieron entre 5.000 y 6.000 personas, algunas de ellas llegadas por la mañana en el tren histórico que TC había presentado en una publicación anterior.

El ferrocarril ofrece una forma de llegar; la celebración da razones para quedarse, conocer productos y acercarse a la historia del lugar.

Razones para visitar un pueblo y conocer a quienes producen

Esta experiencia de La Castagnata abre una pregunta: ¿qué alimentos y conocimientos locales pueden convertirse en una razón para visitar un pueblo y conocer a quienes producen?

El interés está en reconocer las historias que ya existen alrededor de una cosecha, una receta o un oficio, y en organizar oportunidades para compartirlas con el público. Las ferias del agricultor pueden ser espacios para ese encuentro entre productores y consumidores.

En Rossiglione, una bolsa de castañas asadas lleva detrás parte de la memoria del pueblo. La fiesta permite que esa historia siga contándose mientras el fuego, las sartenes y las manos de los valoi vuelven a trabajar.

Esta nota se elaboró con información facilitada directamente a Tiquicia Conecta por Renato Genocchio, mediante los nexos periodísticos establecidos con Pro Loco Rossiglione.


Información histórica y balance: Renato Genocchio, Pro Loco Rossiglione.
Fotografías: Sabrina Olivieri.

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