Un pequeño pueblo del Pirineo reúne agricultura, ganadería y productos locales para mantener vivo el territorio
Noales, en el Pirineo aragonés, celebrará el 12 de septiembre la Feria de La Trobada, un encuentro que combina productores locales, ganadería, gastronomía y recuperación de variedades tradicionales. A más de 8.000 kilómetros, las Ferias del Agricultor de Costa Rica muestran cada semana otra manera de mantener vivo el encuentro entre el campo y la comunidad.

No hace falta organizar una gran feria internacional para poner al campo en el centro de una comunidad.
En Noales, una pequeña localidad del municipio de Montanuy, en la provincia española de Huesca, la próxima edición de la Feria de La Trobada reunirá el sábado 12 de septiembre agricultura, ganadería, alimentación, artesanía y actividades familiares.
La dimensión del pueblo es precisamente parte del atractivo de la historia.
En territorios rurales donde mantener población, actividad económica y servicios constituye un desafío permanente, una feria puede convertirse en algo más que una celebración: también puede proporcionar un escaparate para quienes continúan produciendo y viviendo en el territorio.
Del ganado a los alimentos de la zona
La programación contempla un mercado de productos de alimentación y artesanía, además de una exposición de ganado bovino y ovino.
También habrá gastronomía vinculada al propio territorio. Entre las propuestas anunciadas figura la preparación de alimentos utilizando carne procedente de una explotación ganadera de la zona.
La jornada incorpora actividades para diferentes edades, convirtiendo la feria en un punto de encuentro entre habitantes, productores y visitantes.
Recuperar árboles que también cuentan la historia del territorio
Hay una actividad que resulta especialmente interesante desde la mirada agrícola de Tiquicia Conecta.
La feria incluye un taller sobre injertos, poda y recuperación de variedades autóctonas de árboles frutales.
Detrás de esas variedades existe algo que difícilmente puede medirse solamente en kilos de producción.
Hay semillas y árboles adaptados durante generaciones a determinados lugares, sabores vinculados a una comunidad y conocimientos agrícolas transmitidos entre personas.
Cuando una variedad desaparece, por tanto, puede perderse también una pequeña parte de esa memoria rural.
Una feria para que el pueblo siga encontrándose
La Trobada permite observar además una función de las ferias que a veces queda oculta detrás de la compraventa.
El agricultor o ganadero encuentra un lugar donde mostrar su producto. El consumidor descubre quién está detrás de los alimentos. Los habitantes vuelven a encontrarse y los visitantes tienen una razón para acercarse al pueblo.
Producción, territorio y comunidad terminan compartiendo el mismo espacio.
Y ahí aparece inevitablemente la conexión con Costa Rica.
Costa Rica tiene su propio encuentro entre el campo y la comunidad
Para un costarricense, la imagen de productores ofreciendo directamente sus alimentos resulta muy familiar.
Desde 1979, las Ferias del Agricultor han convertido ese encuentro en una práctica habitual de los fines de semana costarricenses.
Hortalizas de Cartago, frutas de regiones como Orotina, quesos de Zarcero o Turrialba, huevos, plantas, productos procesados y muchos otros alimentos llegan hasta las comunidades acompañados por algo que una góndola difícilmente puede ofrecer: la posibilidad de conversar con quien está detrás del producto.
Noales celebra una feria rural en una fecha determinada.
Costa Rica tiene una extensa red de encuentros que se repiten semana tras semana. Son experiencias diferentes, pero comparten una idea poderosa: acercar el territorio a las personas a través de quienes producen sus alimentos.
Europa puede mirar también hacia Costa Rica
En Tiquicia Conecta nos interesa observar experiencias europeas que puedan aportar ideas a Costa Rica.
Pero el puente funciona en las dos direcciones.
La experiencia costarricense de las Ferias del Agricultor —su continuidad durante décadas, la venta directa y la presencia semanal en numerosas comunidades— también constituye una historia que merece ser conocida fuera del país.
Quizá por eso una pequeña feria en un pueblo del Pirineo resulta interesante desde Costa Rica.
No porque tengamos que reproducirla, sino porque demuestra que, separados por miles de kilómetros, Aragón y Costa Rica comparten una preocupación: cómo mantener cerca a quienes producen, a quienes consumen y al territorio del que proceden los alimentos.
🌍 Tiquicia Conecta | Un puente en ambas direcciones
Desde Costa Rica seguimos experiencias de España y Europa relacionadas con agricultura, desarrollo rural y comunidades. Y también buscamos llevar hasta Europa historias costarricenses que merecen ser conocidas.
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