¿Qué cambia en una ciudad que recibe peregrinos? Luján abre un camino de cooperación entre santuarios y municipios
El primer Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas reunió a autoridades civiles y religiosas para mejorar la acogida, cuidar el patrimonio y atender las necesidades de las comunidades. El canónigo José Antonio Calvo participó en representación de la Catedral-Basílica del Pilar de Zaragoza.

Recibir peregrinos implica mucho más que preparar una celebración religiosa. También requiere agua, limpieza, transporte, orientación y atención a personas que llegan después de recorrer largas distancias. Para las comunidades anfitrionas, supone organizar sus servicios y cuidar el patrimonio que comparten con los visitantes.
Esa relación entre el santuario y la vida cotidiana de una ciudad estuvo en el centro del I Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas, celebrado los días 19 y 20 de octubre en Luján, Argentina.
El encuentro reunió a más de 40 representantes, entre autoridades municipales, obispos y responsables de santuarios. Fue organizado por el Municipio de Luján, CAF —Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe— y el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), con el acompañamiento de la Santa Sede mediante la Pontificia Comisión para América Latina.
El Pilar, presente en el diálogo con América
La Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza, España, estuvo representada por el canónigo José Antonio Calvo, quien participó junto con la concejal Ruth Bravo en la delegación desplazada a Argentina.
Según informó Iglesia en Aragón, la participación permitió compartir la dimensión espiritual, patrimonial y artística de la basílica y abordar desafíos comunes entre los lugares que reciben peregrinos: la conservación del patrimonio, el turismo sostenible y la atención pastoral y cultural al visitante.
La presencia de Calvo incorporó al encuentro la perspectiva del santuario zaragozano y abrió posibilidades de cooperación con otros centros de devoción mariana de América.

De compartir una ciudad a trabajar juntos
Uno de los planteamientos del foro fue que municipios y santuarios necesitan mecanismos de colaboración que continúen después de los grandes encuentros.
El intendente de Luján, Leonardo Boto, propuso avanzar hacia una relación en la que la presencia del santuario forme parte de las decisiones sobre el desarrollo de la ciudad. Para ello, mencionó herramientas como mesas de trabajo, consejos consultivos y espacios de coordinación.
La propuesta reconoce que cada institución tiene responsabilidades propias. Las autoridades locales atienden servicios y necesidades urbanas, mientras los santuarios poseen una identidad religiosa y una misión pastoral que deben ser comprendidas y respetadas.
Según la información de cierre difundida por Vatican News, Boto insistió en un diálogo que involucre a los distintos actores y produzca resultados concretos para ambas partes.
La acogida también se mide en dignidad
El obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, monseñor Francisco Javier Acero, destacó el papel de los santuarios como lugares de encuentro e identidad.
Su intervención amplió la conversación más allá del turismo: puso el énfasis en la dignidad de las personas, la atención a los migrantes y la capacidad de estos espacios para favorecer el encuentro en sociedades marcadas por la fragmentación y la polarización.
Desde esa perspectiva, la cooperación entre autoridades civiles y religiosas puede ayudar a que la acogida tenga una expresión concreta en los servicios, el acompañamiento y la atención a quienes llegan.

Una continuidad propuesta desde el CELAM
La secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, Emilce Cuda, destacó que la iniciativa surgiera de una autoridad laica, el intendente de Luján, y valoró el trabajo compartido entre el municipio y la Iglesia local.
Cuda propuso dar continuidad institucional al foro en el ámbito del CELAM y planteó que una próxima reunión se celebre en Bogotá, Colombia. Se trata de una propuesta expresada durante el encuentro, no de una nueva cita formalmente confirmada.
También señaló que esta experiencia de colaboración podría abrir conversaciones sobre otros asuntos comunitarios, como la educación, la salud mental y la atención a las personas mayores.
El patrimonio religioso forma parte de la vida local
El foro contó con representación de santuarios como Aparecida, Guadalupe, Fátima, Chiquinquirá, Copacabana y Maipú, según la información publicada por el CELAM.
Aunque cada lugar tiene una historia y una realidad distintas, comparten desafíos: conservar sus bienes culturales, atender a los peregrinos y procurar que la actividad generada alrededor de la devoción beneficie a las comunidades anfitrionas.
El turismo religioso fue abordado desde esa relación entre espiritualidad, patrimonio y desarrollo local. El interés está tanto en quienes visitan como en quienes viven y trabajan alrededor de los santuarios.
Un paseo como símbolo del vínculo
El encuentro concluyó con la inauguración del Paseo de las Ciudades Marianas, un espacio que representa en Luján a las ciudades y santuarios participantes.
El paseo deja una expresión permanente del foro. El siguiente desafío será dar continuidad a los vínculos mediante iniciativas compartidas, responsabilidades definidas y acciones que puedan conocerse y evaluarse.
Para Puentes de Fe, de Tiquicia Conecta, esta experiencia abre una línea de seguimiento: cómo las comunidades católicas, los santuarios y los gobiernos locales pueden colaborar para recibir mejor, conservar su patrimonio y responder a necesidades concretas.
Fuentes: CELAM, Vatican News e Iglesia en Aragón.
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