No rescatan solo tomates: rescatan la memoria agrícola de todo un territorio
Agricultores, investigadores, estudiantes y cocineros trabajan juntos en Aragón para recuperar variedades tradicionales que estuvieron cerca de desaparecer y conservar un patrimonio agrícola construido durante generaciones.

Un tomate puede parecer simplemente un alimento más. Sin embargo, detrás de algunas variedades tradicionales existe una historia construida durante generaciones por familias agricultoras que seleccionaron sus mejores semillas, las adaptaron al clima de su tierra y las transmitieron de padres a hijos.
Cuando una de esas variedades deja de cultivarse, no desaparece únicamente un tomate. También se pierde una parte del patrimonio agrícola, de la cultura gastronómica y de la memoria de quienes trabajaron la tierra durante décadas.
Con esa convicción, cerca de 200 personas han participado en Teruel, Aragón, en una jornada dedicada a la recuperación de variedades tradicionales de tomate dentro del proyecto Siembra Teruel.
Agricultores, investigadores del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), estudiantes, docentes, profesionales de la restauración y representantes de diferentes sectores compartieron los avances de un trabajo que busca devolver la vida a tomates que durante años estuvieron cerca de desaparecer.
Rescatar semillas es rescatar conocimiento
El proyecto reúne actualmente a 189 horticultores, quienes cultivan variedades tradicionales en distintas comarcas de Teruel.
Cada cosecha permite conocer nuevamente sus características, sabores, adaptación al clima y comportamiento en el campo, al tiempo que esas semillas vuelven a circular entre agricultores interesados en conservarlas.
Una labor fundamental en este proceso la desarrolla el Banco de Germoplasma Hortícola del CITA, donde se conservan miles de semillas que representan décadas —e incluso siglos— de diversidad agrícola.
Mucho más que un tomate
Durante la jornada no solo se presentaron resultados técnicos. Los asistentes pudieron observar los tomates recuperados, conocer su historia, degustarlos y reconocer el trabajo de los agricultores que participan en el proyecto.
Ese encuentro demuestra que la conservación de las variedades tradicionales no depende únicamente de científicos o bancos de semillas. También necesita agricultores comprometidos, consumidores interesados, escuelas, cocineros e instituciones que comprendan el valor de proteger ese patrimonio.
Una semilla también guarda identidad
Cada variedad tradicional conserva características que difícilmente pueden recuperarse una vez perdidas: sabores, colores, aromas, resistencia natural, adaptación al territorio e historias familiares transmitidas durante generaciones.
Por eso, rescatar una semilla significa también proteger la biodiversidad, fortalecer la agricultura local y mantener viva una parte de la identidad de cada comunidad.
💡 Una experiencia compartida
Conservar variedades tradicionales no consiste únicamente en guardar semillas. Significa preservar conocimientos, sabores y formas de cultivar que ayudan a mantener la diversidad agrícola y fortalecen el vínculo entre las personas y su territorio.
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