La devoción al Pilar también se vive fuera del templo
El arzobispo de Zaragoza invita a que las fiestas se traduzcan en servicio, cercanía con quienes sufren y transmisión de la fe a las nuevas generaciones.

La celebración de la Virgen del Pilar puede prolongarse en los gestos cotidianos. Ese es el llamado de monseñor Carlos Escribano Subías, arzobispo de Zaragoza, en su carta publicada el 9 de octubre de 2026, con motivo de las fiestas.
Una fe que acompaña
El arzobispo toma como punto de partida el himno dedicado a la Virgen para reflexionar sobre una devoción compartida. Presenta el Pilar como apoyo para afrontar las incertidumbres y fortalecer el amor hacia los demás.
Su invitación es llevar la oración a la vida diaria mediante el servicio y la caridad, especialmente hacia quienes experimentan sufrimiento o soledad.
La mirada puesta en 2040
Escribano recuerda que en 2040 la Iglesia de Zaragoza conmemorará los dos mil años de la venida de María, situada en el año 40 según la tradición piadosa.
La preparación, señala, requiere fidelidad cotidiana y transmitir la fe a niños y jóvenes. El mensaje propone que la alegría de las fiestas continúe cuando terminen las celebraciones.
Fuente e imagen: Iglesia en Aragón, Carta de Monseñor Carlos Escribano Subías.
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