¿Hasta dónde depender de las importaciones? Europa decide producir más y Costa Rica enfrenta su propia discusión
Mientras la Unión Europea busca producir más en sus propios campos y reducir dependencias externas, Costa Rica enfrenta una discusión en sentido contrario ante una mayor apertura comercial. Para los pequeños productores nacionales, que ya compiten con alimentos importados y denuncian condiciones desiguales de competencia, la pregunta es fundamental: ¿qué producción queremos conservar en nuestras propias manos?

Europa está mirando nuevamente hacia sus propios campos. Ha identificado una vulnerabilidad: depender demasiado de las importaciones para abastecerse de productos agrícolas estratégicos.
El caso de las proteínas vegetales es especialmente significativo. Según la Comisión Europea, cerca del 74% de las proteínas vegetales de alto contenido proteico utilizadas en la Unión Europea procede del exterior, principalmente para alimentación animal. Frente a esa situación, Europa ha decidido producir más.
Su nuevo Plan de Acción sobre Proteínas establece como objetivo aumentar del 25,8% actual al 35% para 2035 la proporción de estas proteínas producida dentro de la propia Unión Europea y destinada a alimentación animal.
Producir más
La estrategia europea apunta a fortalecer su propia capacidad para producir. En esa búsqueda ganan interés cultivos como guisantes, habas, lentejas, garbanzos y frijoles, además de la soya y otras plantas ricas en proteína.
Las legumbres ofrecen además ventajas que van más allá de producir alimento. Pueden captar nitrógeno del aire y ayudar a incorporarlo al suelo. Utilizadas adecuadamente en rotaciones con otros cultivos, pueden contribuir a mejorar la fertilidad, disminuir determinadas necesidades de fertilizantes y diversificar las fincas.
Europa también está probando variedades y formas de cultivo capaces de responder mejor a condiciones de sequía y altas temperaturas.
No basta con pedirle al agricultor que siembre
Europa reconoce que decidir producir más no significa que los agricultores automáticamente vayan a hacerlo. Hay consciencia de que el productor necesita semillas adecuadas, conocimiento, buenos rendimientos, costos manejables y, fundamentalmente, posibilidades reales de vender su cosecha a precios que hagan rentable continuar produciendo.
En Costa Rica, espacios como las Ferias del Agricultor, reguladas por la Ley 8533, cumplen precisamente una función importante al acercar la producción nacional al consumidor y ofrecer canales de comercialización a pequeños y medianos productores.
Si sembrar determinado producto deja de ser rentable porque el agricultor no consigue colocar su cosecha o debe competir en condiciones desiguales, difícilmente un país conservará su capacidad productiva solamente porque considere importante la seguridad alimentaria.
Por eso la estrategia europea no se limita a decirle al agricultor que produzca. Contempla investigación, mejoramiento de semillas, apoyo a productores, almacenamiento, procesamiento y mecanismos destinados a disminuir los riesgos de incorporar nuevos cultivos.
El próximo 23 y 24 de septiembre, agricultores, investigadores, organizaciones y otros actores europeos analizarán precisamente qué hace falta para aumentar esta producción y cuáles obstáculos siguen encontrando quienes trabajan la tierra.
Mientras Europa revisa su dependencia, Costa Rica enfrenta una nueva discusión
La experiencia europea adquiere particular interés vista desde Costa Rica.
Mientras Europa se pregunta cómo reducir determinadas dependencias del exterior y producir más dentro de sus fronteras, Costa Rica enfrenta un nuevo capítulo de apertura comercial mediante el proceso de incorporación al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP).
Pequeños productores costarricenses y organizaciones del sector han venido advirtiendo sobre las dificultades que enfrentan para competir con productos importados, máxime cuando son afectados también por mercaderías que ingresan por contrabando, evasión de controles u otras prácticas irregulares, que agravan más la situación del productor que cumple las reglas nacionales.
Para una pequeña finca costarricense, la discusión no es teórica. Si el producto importado llega al mercado a un precio con el que resulta imposible competir, el agricultor nacional puede reducir la siembra, cambiar de cultivo o finalmente abandonar la actividad.
Y cuando desaparece un productor, no solamente desaparece una cosecha. También pueden perderse conocimiento, semillas, experiencia familiar, empleo y capacidad nacional para volver a producir ese alimento.

¿Qué queremos seguir produciendo en Costa Rica?
¿Hasta dónde queremos depender de las importaciones para abastecernos de alimentos esenciales?
Frijoles, arroz y maíz, por ejemplo, forman parte habitual de la alimentación costarricense. Más allá de cuánto importamos actualmente de cada uno, existe una cuestión de fondo: ¿Queremos conservar capacidad nacional para producirlos?
Y además, ¿Qué necesita el pequeño agricultor costarricense para que sembrar siga siendo rentable?
Porque defender la producción nacional no puede consistir solamente en pedirle al agricultor que continúe sembrando. Significa procurar condiciones para que pueda producir, comercializar y competir. La seguridad alimentaria necesita agricultores que puedan vivir de su trabajo.
Porque detrás de las cifras de comercio exterior existe una realidad mucho más cercana: familias agricultoras que necesitan condiciones para continuar produciendo y llevando alimentos a la mesa de los costarricenses.
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